Llegar a ser una mujer bajo convenio en colaboración con Dios es la forma en que las excelentes y buenas hijas de Dios siempre han sido madres, han liderado y ministrado.
El presidente Henry B. Eyring habló durante la sesión de mujeres de la Conferencia General del sábado 3 de octubre del 2020, dirigida a mujeres a partir de los 11 años, y empezó agradeciendo por la bendición de dirigirse a ellas, las hijas de Dios bajo convenio, dijo: … “esta tarde, mi propósito es alentarlas en el gran servicio al que han sido llamadas. Sí, cada hija de Dios que está escuchando mi voz ha recibido un llamamiento del Señor Jesucristo. Su llamamiento comenzó cuando se les puso en el mundo terrenal, en un lugar y en un momento que eligió para ustedes un Dios que las conoce a la perfección y las ama como hijas Suyas. En el mundo de los espíritus, Él las conocía, les enseñó y las colocó allí donde tuvieran la oportunidad, algo excepcional en la historia del mundo, de ser invitadas a una pila bautismal. Allí escucharían estas palabras, pronunciadas por un siervo llamado de Jesucristo: “Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.
Cuando salieron del agua, habían aceptado otro llamamiento para servir. Como nuevas hijas de Dios bajo convenio, hicieron una promesa y recibieron una asignación en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de la cual fueron confirmadas miembros posteriormente. Hicieron el convenio con Dios de tomar sobre ustedes el nombre de Jesucristo, guardar Sus mandamientos y servirle”.
Las mujeres estarán “en el corazón” de crear una sociedad de Sión como la ciudad de Enoc (véase Moisés 7:19) antes de la segunda venida del Salvador, Jesucristo. “Ustedes hermanas, sus hijas, sus nietas y las mujeres que han nutrido serán una parte fundamental para crear esa sociedad de personas que se unirán en gloriosa asociación con el Salvador. Serán una fuerza esencial en el recogimiento de Israel y en la creación de un pueblo de Sión que vivirá en paz en la Nueva Jerusalén.”
El presidente Eyring dijo que las mujeres tienen “un don para calmar la contención y promover la rectitud con su amor a Dios y con el amor de Dios que generan en aquellos a quienes sirven”. Su “capacidad espiritual de nutrir a los demás y elevarlos más hacia el amor y la pureza” y tener caridad las calificará para vivir juntos en una sociedad de Sión, dijo.
“Es la fe en Él y los efectos completos de Su expiación infinita lo que las calificará a ustedes, y a los que aman y sirven, para que el don supremo viva en esa socialidad de una Sión largamente buscada y prometida. Allí serán hermanas en Sión, amadas en persona por el Señor y a las que hayan bendecido”.
No pueden saber cuándo, ni durante cuánto tiempo, su misión individual se centrará en el servicio, en llamamientos como el de madre, líder o hermana ministrante. El Señor, por amor, no nos deja a nosotros la elección del momento, la duración ni la secuencia de nuestras asignaciones. Pese a ello, gracias a las Escrituras y a los profetas vivientes, ustedes saben que todas esas asignaciones llegarán, en esta vida o en la venidera, a todas las hijas de Dios. Y todas ellas son la preparación para la vida eterna en familias amorosas: “el más grande de todos los dones de Dios”.
Llegar a ser una mujer bajo convenio en colaboración con Dios es la forma en que las excelentes y buenas hijas de Dios siempre han sido madres, han liderado y ministrado, y han prestado servicio en cualquier circunstancia y lugar que Él ha preparado para ellas. Les prometo que hallarán gozo en su camino hacia su hogar celestial, al regresar a Él como hijas de Dios que guardan sus convenios.