El Salvador ha utilizado la palabra “siempre” en dos situaciones que quizás los haya hecho pensar. Primero, ustedes prometen “recordarle siempre” cuando participan de la Santa Cena; y segundo, Él les advierte que deben “ora[r] siempre” (3 Nefi 18:18).
Tal vez se hayan preguntado, al igual que yo, por qué Él empleó la palabra “siempre”, dada la naturaleza de la vida terrenal que pesa sobre nosotros. Por experiencia propia saben lo mucho que cuesta pensar todo el tiempo en algo de manera consciente. Incluso en el servicio a Dios, no nos encontraremos orándole siempre de manera consciente. Entonces, ¿por qué el Maestro nos exhorta a orar siempre?
No soy lo bastante sabio como para conocer todos los designios del Señor al darnos el convenio de recordarle siempre y la advertencia de orar siempre para que no seamos vencidos, pero sí sé de uno: es porque Él conoce a la perfección las poderosas fuerzas que influyen en nosotros y lo que significa ser humano. Él sabe lo que es recibir la presión de las preocupaciones de la vida.
Les ruego que hagan con determinación las cosas sencillas que los harán avanzar espiritualmente. Comiencen por recordarlo a Él. Recordarán lo que saben y lo que aman. El Salvador nos ha dado las Escrituras, por las que los profetas pagaron un precio que no podemos ni imaginar, para que nosotros pudiéramos conocerlo a Él. Sumérjanse en las Escrituras. Decidan en este momento leer más y con mayor eficacia que nunca.
Les prometo que sentirán la influencia del Espíritu Santo en su corazón al escudriñar las Escrituras con un nuevo propósito y al orar fervientemente. Al hacer estas cosas, tendrán la certeza de que Dios vive, de que Él contesta las oraciones, de que Jesús es el Cristo viviente y de que Él los ama.